La celebración fue presidida por el señor nuncio apostólico en la República Argentina, Monseñor Miroslaw Adamczyk. Aquí le ofrecemos texto de la homilía.

14 DE SEPTIEMBRE DE 2023 – SALTA

Reverendísimo Mons. Mario Antonio Cargnello,

Arzobispo de Salta

Excelencias Señores Obispos,

Reverendos Sacerdotes y Diáconos,

Reverendos Religiosos,

Reverendas Hermanas Religiosas,

Honorables Autoridades civiles,

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo

Saludos a todos  ustedes muy cordialmente, en nombre de su Santidad el Papa Francisco, que tengo el honor de representar en su país natal, y los saludo también en nombre mío. Agradezco al Señor Arzobispo por su amable invitación que me permite de estar junto a ustedes durante la celebración del Triduo del Milagro hoy, día recordamos el Triunfo de la Santa Cruz de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Estamos habituados a ver la cruz y Cristo crucificado en ella de tal manera, que nos resulta difícil percibir la trágica realidad oculta tras la imagen del crucifijo. La usamos incluso como un adorno de oro o plata para lucir en el cuello. La hemos convertido, con justa razón, en el símbolo del cristianismo y queremos ver al Crucificado en los tribunales, en los salones de clase, en las tumbas de los difuntos y hasta en las cimas de los montes, como símbolo de la fe cristiana y del triunfo en la lucha contra la muerte y las potencias del mal. Pero, ¿qué hay detrás de ese símbolo? Queremos pues preguntamos qué era la cruz en el mundo antiguo y qué representó a Jesús la crucifixión y la muerte en la cruz.

En los tiempos de Jesús, la cruz, fue uno de los más crueles y horribles medios de tortura y muerte. La muerte en cruz era reservada a los bandidos peligrosos o a los esclavos que se rebelaban. Se trataba pues de  una muerte terrible y vergonzosa, poco digna y destinada a la peor gente de la sociedad.  Lo que ha sido la cruz para la gente contemporánea de Jesús lo dice bien San Pablo en la primera carta a los Corintios: “Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos» (1 Cor 1 22-23).

Vemos pues que para los judíos fue un escándalo y para los demás una locura sin  sentido. Y nosotros, hoy en día estamos reunidos para celebrar la Exaltación de la Cruz de Jesús. Celebrando la fiesta de hoy, somos fieles a las palabras que Jesús dirigió a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo, sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna” (J 3, 13-15).

Estas palabras de Jesús, sobre la exaltación de la Cruz, para los primeros cristianos no fueron fáciles. Los tres primeros siglos de la historia de la iglesia fueron siglos de martirio para los cristianos. Confesar la fe en Cristo significaba muchas veces la muerte. La Cruz fue un instrumento con el cual perdían la vida, sufriendo por Cristo. La Cruz daba miedo a los primeros cristianos y seguramente no ha sido objeto de devoción, como lo es hoy para nosotros.

Todo aquello ha cambiado en el año 313, con el edicto del Emperador Constantino,  que terminó con la persecución de los cristianos y dio la libertad de culto. La primera Exaltación de la Cruz de Jesús se ha producido en Jerusalén, hace 17 siglos. La madre del emperador, Santa Elena, decidió buscar la madera la Cruz de Jesús. Después de tantas investigaciones, finalmente, consiguió encontrar el lugar donde había sido enterrada la Cruz; ahí encontró tres cruces, y no hay nada extraño en esto… recordemos que Jesús fue crucificado junto a dos ladrones.

Pero ¿cómo saber cuál Cruz era la de Jesús? La antigua tradición dice que llevaron a un hombre gravemente enfermo y él tocó, sucesivamente, cada una de las tres cruces. Cuando tocó la tercera Cruz, sanó inmediatamente y todos los presentes estaban convencidos que se trataba de la Cruzde Jesús.

Pero la exaltación de la cruz se debería hacer al corazón de cada uno de nosotros y cada día. ¿Cómo exaltar un instrumento de muerte?

Un cristiano no debería tener dificultades de responder a la pregunta “cuál es la más grande mandamiento”; de hecho, sabemos perfectamente que se trata del mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Cuando Jesús  habla de su mandamiento del  «Ámense los unos a los otros o yo los he amado» y, después, sigue «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn. 15, 12-13). San Pablo escribe: “Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor» (Rom. 5, 7). Y Jesús mismo, que no tenía pecado alguno, murió por nosotros por nosotros, por nuestros pecados, por todos los pecados del mundo, también por la gente que obra el mal, y un mal grande. ¿Por qué? Porque, Él nos ama… La cruz es un símbolo más grande, del amor más grande, que no tiene miedo de dar todo, incluso la vida, por aquellos que ama.

La respuesta más eficaz al «escándalo” de la cruz es que todo el drama de la pasión y muerte de Jesús tu lugar «por amor». De tal manera ha amado Dios a los hombres que para salvarlos no evitó el dolor de aquello que para Él era más amado -su Hijo Jesús- entregándolo en cambio del «rescate» de la muerte temporal con el fin de liberamos de la muerte eterna. De tal manera ha amado Jesús al Padre que «obedeció hasta el punto de morir en la cruz” ante su designio de salvación; y de tal manera  ha amado a los hombres que descendió al abismo de la muerte – ¡y qué muerte!- para asumir la condena por ellos merecida por sus pecados (Él, el Inocente) y así poder salvarlos. De este modo, y a la luz del amor del Padre por los hombres y de Jesús por el Padre y los hombres, es posible dar una respuesta total al drama escandaloso de la muerte de Jesús en la cruz. Sin embargo, en esto reside precisamente la dificultad para los hombres: creer en el amor, cuya demostración suprema está en la locura de la cruz. En realidad, la locura de la cruz es la locura del amor y sólo puede comprenderla quien comprende lo que es el amor.

En nuestra segunda lectura de hoy, podemos escuchar el himno de San Pablo sobre el amor y humildad de Cristo.   

“Cristo Jesús, siendo Dios, no considerá que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que,  por el contrario, se anonadó a sí mismo tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo, y por obediencia aceptó la muerte, y una muerte en cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre” (Flp 2, 6-11).

Que sabías y hermosas son las palabras del Papa Juan Pablo II cuando decía: “Amar es, por tanto, esencialmente entregarse a los demás. lejos de ser una iclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir ahacia los otros. Para poder amar de verdad, conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo; dar gratuitamente, amar hasta el in” Final de la cita (Juan Pablo II, 1980).

Así, el amor es fuente de equilibrio. Es el  secreto de la felicidad ¿Qué pasa si una persona no aprende amar? La vida, tu vida o mi vida dejan de tener sentido; urge cultivar el amor, urge vivir amando, no se puede vivir sin transmitir el amor, de lo contrario descubrirán que en realidad no amamos. Quiénes somos nosotros sin amor:

La inteligencia sin amor… te hace soberbio

La justicia son amor… te hace duro

El éxito sin amor … te hace arrogante

La riqueza sin amor … te hace avaro

La docilidad sin amor … te hace servil

La pobreza sin amor … te hace orgulloso

La verdad sin amor … te hace insultante

La autoridad sin amor … te hace tirano

El trabajo sin amor … te hace esclavo

La oración sin amor … te hace introvertido

La ley  sin amor … te esclaviza

La fe sin amor. . . te fanatiza

La cruz sin amor… se convierte en injusta tortura

La vida sin amor… NO TIENE SENTIDO.

La cruz es un símbolo de amor, sin la cruz de Jesús no comprenderíamos nuestros sufrimientos ni los sufrimientos del mundo. La cruz ha sido sólo una “estación” en el camino hacia la resurrección, hacia la vida sin ocaso.

Queridos amigos, adoremos hoy la cruz de Jesús, símbolo de la lglesia,  de la redención y de la salvación; símbolo del amor y de la esperanza; símbolo de la victoria sobre el pecado y sobre la muerte  ¡No podemos avergonzarnos jamás de la Cruz de Jesús!

Queridos Hermanos y Hermanas, hoy día celebramos a exaltación de la cruz;  el símbolo más sagrado para nosotros, esto nos enseña a respetar este símbolo cada vez cuando lo hacemos en nuestro cuerpo, diciendo en el nombre del Padre, del Hijo y Espíritu Santo. Que la fuerza divina envuelva nuestra vida, nuestras intenciones,  sentimientos, nuestro trabajo y descanso.  Nos hacemos la señal de la cruz automáticamente siempre con fe y esperanza

Que su cruz sea para nosotros fuerza y esperanza en nuestra vida. «Ave crux, spes única” decían los latinos: Salve oh cruz, única nuestra esperanza. Y así sea. Amén.

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