Como diáconos, ya saboreáis la alegría de estar ahora asociados al verdadero y propio «servicio» de la Iglesia. Pero, sin duda, en este momento vuestra mente se dirige hacia aquella meta aún más alta, ya cercana, a la que Dios os ha llamado para hacer de vosotros, mediante el sacramento del Orden, sus ministros, los heraldos del Evangelio de Jesucristo, los dispensadores de su Sangre y de su Palabra. Faltan palabras para expresar toda la grandeza y la responsabilidad de esta misión; una misión que constituye la confirmación siempre viva de la gran promesa del Señor: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20)
Con gran alegría los invitamos a acompañar con su presencia y, sobre todo, con su oración a estos hermanos nuestros, que por la imposición de manos y oración de consagración de Mons. Mario Antonio Cargnello serán ordenados diáconos entregando su vida al servicio la Iglesia.
¡Los esperamos!
