Conferencia redactada por la Prof. Irene Romero y pronunciada por Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta, en el acto de conmemoración del bicentenario del fallecimiento de monseñor Nicolás Videla del Pino, primer obispo de salta (29 de marzo de 2019) I

En esta jornada nos hemos congregado para recordar el Bicentenario del fallecimiento de Monseñor Nicolás Videla del Pino, nuestro primer Obispo en la Diócesis de Salta, erigida a comienzos del siglo XIX.II. Antecedentes de Monseñor Videla1. Infancia y primeros estudios

Nicolás Videla del Pino, nació en Córdoba y fue bautizado el 15 de septiembre de 1740 en la Santa Iglesia Catedral por el deán Dr. Francisco Bazán de Pedraza. Fueron sus padres Juan José Videla y Pascuala del Pino. Pertenecía el matrimonio a una familia acomodada, por lo que la niñez de nuestro primer pastor estuvo rodeada en un ambiente de cultura elevada.

Realizó sus primeros estudios en el Colegio de Nuestra Señora de Monserrat, en su ciudad natal hasta doctorarse en filosofía y teología en 1764, cuando obtuvo los títulos de Bachiller, Licenciado y Doctor en Sagrada Teología. Al año siguiente recibió las órdenes mayores, incluido el presbiterado.

2. Sacerdote

Inicio su ministerio sacerdotal ejerciendo como teniente cura en la parroquia de Río Seco, durante un año. Después fue trasladado a Río Cuarto como Cura Excusador.

Su próximo destino fue el curato de los Llanos en la jurisdicción de La Rioja. Allí permaneció catorce años, tiempo en el que puso especial empeño en la edificación de cinco capillas. Es de destacar que estas obras se hicieron de su propio peculio, demostrando su proverbial generosidad, gesto que estuvo siempre presente a lo largo de su vida.

Otro gesto de su espíritu solidario, fue el ejercicio de la cátedra de Teología Moral en el Seminario de Loreto por dos años, sin percibir sueldo. En esta institución, posteriormente sería Rector.

Fue también Resolutor de casos morales, Promotor Fiscal y Examinador Sinodal del Obispado de córdoba del Tucumán. Su valioso y eficiente desempeño en estas dignidades será motivo para la designación en nuevas responsabilidades.
En 6 de noviembre de 1781 Nicolás Videla del Pino fue nombrado Canónico Magistral de la Iglesia Catedral del Tucumán y en 9 de noviembre de 1792 fue promovido por Carlos IV a la dignidad de Arcediano de la ciudad de Córdoba. Posteriormente accede al cargo de Deán en la misma catedral. En 23 de abril de 1805 fue elegido Provisor, Vicario General y Gobernador. Su gestión en estos cargos fue excelente. Lo confirmaron las alabanzas del marqués de Sobremonte, que ejercía el cargo de Gobernador intendente de Córdoba del Tucumán. En un oficio expresa:

“En la dilatada sede vacante actual ha dado pruebas de su arreglada conducta, moderación y retiro, estableciendo un gobierno pacífico, que pocas veces se ha experimentado, sin dejar jamás de asistir al coro”. 
Cupo a Videla mejorar las condiciones edilicias y la calidad educativa del Seminario de Loreto allegando más fondos para la concreción de las obras. Los frutos de su acción gubernativa en Córdoba comenzaron pues, a verse inmediatamente, y así fueron reconocidos, no sólo en el campo económico, sino también en la ampliación y refacción del edificio, junto a la aportación de elementos educativos para los alumnos.

Los méritos de Videla continuaron en ascenso, por lo que el 21 de junio de 1793 el Consejo de Indias lo propuso el Rey para Deán en primer lugar, y en segundo, a Gregorio Funes. Aprobada la propuesta por el Rey, Videla del Pino fue investido Deán de la catedral cordobesa.

3. Obispo de Asunción

Estos brillantes antecedentes, fueron la base para su promoción el episcopado. El 11 de septiembre de 1804 se hace cargo del Obispado de Asunción del Paraguay, luego de ser consagrado por Monseñor Ángel Mariano Moscoso Pérez de Oblitas.

La obra que Videla del Pino realizó en Paraguay fue de gran relevancia y así fue ponderada. El gobernador intendente Don Lázaro de Rivera, en oficio al Virrey de Buenos Aires escribía que con él (en referencia al Obispo):

“Vimos renacer los bellos días de la primitiva disciplina, a pesar del campo que abrió a la relajación una sede vacante tan prolongada”, pues los desarreglos de la clericatura “hacían ver lastimosamente todos los vicios y desórdenes que trae consigo la falta de un prelado ilustrado y virtuoso, por lo que las providencias que ha dictado han puesto un sello indeleble a sus fatigas pastorales, por los útiles efecto que han producido” .

La labor legislativa y reformadora de Nicolás Videla, empezó, pues, por los clérigos, los que luego de catorce años de vacancia de la sede, habían relajado costumbres y desordenado s ministerio, demarcó territorios y organizó a la feligresía. Luego puso edictos y organizó concursos para los curatos vacantes.

Luego de reorganizada la diócesis, emprendió la visita pastoral. Esta fue precedida por tres sacerdotes que catequizaron, misioneros y confesaron, en preparación de la visita obispal. Esa visita le permitió tomar contacto directo con los problemas de la diócesis, celebrar los sacramentos y dictar las órdenes sobre la correcta confección de los libros parroquiales. Particular interés se centró en la administración del sacramento de la confirmación a miles de feligreses.

De regreso a Asunción acometió la reforma del clero, empezando por la convocatoria a todos los curas para iniciar por espacio de nueve días los santos Ejercicios y en tres tandas por falta de un local adecuado. Esta carencia la resolvió mandando construir un recinto adecuado para tal fin. Los gastos fueron solventaos de su propio patrimonio.

Cabe destacar su rol de legislador y su irrestricto respeto en la aplicación de las normas establecidas por el Concilio de Trento. Al respecto en 7 de noviembre de 1804 escribe a sus sacerdotes:

“Una de las principalísimas obligaciones de todo Cura, según lo declara el Santo Concilio de Trento, cap. I, es conocer sus ovejas, no solamente en general, y según su número, sino también en particular las familias y personas e individuos de cada una, su edad, cualidad, inclinaciones y costumbres (formando anualmente cada uno la matrícula, que el derecho llama status animarum) con la solemnidad y circunstancias que previene el nuevo Ritual Romano”. 

La visita Pastoral que realizó le proporcionó una valiosa información primaria y directa a la hora de establecer el programa inicial de su gobierno diocesano, principal necesidad era la de proveer de los útiles litúrgicos a las parroquias de la diócesis paraguaya, labor en la que puso especial celo.

Toda esta labor llamó la atención tanto de las autoridades como de la opinión pública. Y es que Videla consiguió cautivar los corazones de sus feligreses de quienes se hizo dueño. Estos meritorios antecedentes, fueron los factores que contribuyeron a su traslado a la diócesis salteña, recientemente creada.

III. Videla en Salta

1. La erección de la diócesis de Salta tuvo una larga tramitación. El primer antecedente fue el extenso e interesante informe que D. Manuel Abad de Illana eleva al Rey en 1768. En ese documento ponderaba esta imprescindible medida, siendo el primero en proponer que Salta fuera la sede un nuevo obispado. El inicio de la tramitación de su creación, está fechado el 6 de diciembre de 1785 cuando el gobernador intendente de Córdoba, Marqués de Sobremonte, envió el primer proyecto, y terminó el 20 de marzo de 1806, cuando la Sagrada Congregación Consistorial le dio vida canónica. Habían pasado veinte años.

El nombramiento se formalizó el 7 de septiembre de 1806. La Real Cédula de presentación en San Lorenzo de El Escorial el 27 de octubre del mismo año. Mientras seguía esta su curso, el 16 de noviembre, según el decreto de la Sagrada Congregación Consistorial encargaba al Rey a Videla la erección de sus límites, debía obrar el Prelado de acuerdo con los gobernadores intendentes de Córdoba y de Salta.

Continuando el proceso, el 7 de febrero de 1807, el nuncio apostólico D. Pedro Gravina, arzobispo de Nicea, ordenaba el proceso consistorial que comenzó dos días después, donde el Papa junto con los cardenales, lo proclamó obispo, previó análisis de la documentación obtenida de distintas personas, que lo conocían bien, y en la que vertían sus opiniones, para el desempeño de su cargo y misión. El lunes 23 de marzo, Pío VII autorizaba el traslado de Nicolás Videla del Pino a Salta.

El 23 de marzo de 1807, Pío VII le indica la necesidad de hacer la profesión de fe, lo mismo que la promesa de fidelidad, la construcción de la casa episcopal, del Monte de Piedad y del Seminario, según prescribía el Concilio de Trento.

La tramitación de esta nueva diócesis, tuvo una confusa mezcla temporal de fechas, y de emisión de documentos.

Desde Aranjuez, en 25 de mayo de 1807, su Majestad otorgó las ejecutoriales al obispo Videla del Pino después de haber visto las Bulas del Obispado de Salta, emitidas con fecha Madrid 29 de abril de 1807. Estas incluían la comunicación de su traslado a la diócesis de Salta, a los feligreses de la Iglesia de Salta y al Deán.

Tanto la creación del nuevo obispado como la elección y nombramiento de su primer obispo en la persona de Nicolás Videla del Pino, no fue un proceso cómodo, ni fácil ni rápido. La razón estaba en los intereses varios y contrapuestos, que dificultaban la toma de decisiones.

Es inevitable explicar que una cosa era la actuación del Rey y otra el nombramiento que había el Papa. Cumplidos los requisitos reales, Pío VII, el 28 de marzo de 1806 creó el Obispado de Salta por la Constitución Apostólica Regalium Principum.

2. Una vez que recibió Videla su nombramiento, se dispuso a tomar posesión de la nueva sede y partió el 4 de abril de 1808 desde Asunción, por vía fluvial dirigiéndose a Santa Fe y de allí por tierra hasta el Chaco, llegando a la Reducción de Abipones, donde tomó posesión del Obispado el 15 de junio de 1808. En su estancia en esa reducción emitió nada menos que diecisiete autos de visita: a cada párroco le encomendaba se transcribiera, en libro aparte las cartas episcopales, edictos, instrucciones y demás instrumentos de vida pastoral a todo ello dedicó Videla los dos primeros autos. Los siguientes fueron ilustrando la forma de llevar los demás libros parroquiales, las matrículas, la administración de los sacramentos, los entierros, la enseñanza de la doctrina cristiana, el cumplimiento del precepto pascual, la visita canónica y la reforma de los abusos. Algunos de estos documentos estaban dirigidos a todos los curas en general, y otros con disposiciones concretas a párrocos particulares.

Cabe aclarar que estas estrictas instrucciones en cuanto a la confección de los libros parroquiales, tanto en Asunción como luego en Salta, configuran una labor de inmensa importancia para el acervo cultural e histórico de nuestros territorios. Los archivos eclesiásticos, contienen valiosa información demográfica sobre los primeros siglos de nuestra historia.

3. Tres días después abría su visita pastoral, ordenando por auto del 22 de junio a los vicarios foráneos, publicar su toma de posesión episcopal:

“Para que llegue la noticia de todos que, desde la fecha de nuestro ingreso al Obispado, ha debido cesar el gobierno del Cabildo Eclesiástico de Córdoba quedando este nuevo Obispado absolutamente independiente de aquel en todas líneas y solo sujeto a Nos”. 

La nueva diócesis estaba formada por siete ciudades con sus distritos y tenía unas trescientas leguas de extensión. Videla se proponía visitarlas de forma particularizada y sin ahorrar trabajos ni fatigas. Comenzó por Sumampa, donde inspeccionó los libros parroquiales. Posteriormente fijó las normas para la decencia y decoro del culo y sobre la enseñanza de la doctrina cristiana. Después tomó dirección Norte, pasando por los curatos y poblaciones de Asingasta, Salavina, Río Salado y Matará, Guañagasta, Soconcho, Loreto, Silipica, confirmando a unas diecinueve mil almas. En Santiago del Estero ocupa un tiempo extenso para establecer cómo habían de recogerse los datos de los distintos sacramentos en los distintos libros parroquiales. La visita pastoral a las tierras santiagueñas, le ocuparon al nuevo pastor muchos meses, en los que desarrollo una minuciosa labor.

En tanto que los territorios de Tucumán, Catamarca, Salta y Jujuy no recibieron la visita de su pastor.

4. La ciudad capital de la diócesis superaba entonces los siete mil habitantes. Al convertirse la ciudad de Salta en sede del novel Obispado se imponía la necesidad de levantar la catedral como sede de la nueva diócesis y cátedra desde la que debía enseñar el pastor.

Prestamente procedió a la erección de la iglesia catedral, en fecha de 14 de abril de 1809 y a la redacción de la Regla del Coro.

El obispo de Salta debió crearlo todo en la ciudad episcopal, porque hasta la iglesia mayor, que debía ser su Catedral, se encontraba en ruinas.

Videla desde el primer momento causó una excelente impresión en su comunidad.

Se trazó como objetivos la erección de una Casa de Ejercicios, para reforma de las costumbres y salvación de las almas, para lo cual adquirió media cuadra de sitio en la traza de esta ciudad. Otra gestión estuvo destinada a conseguir un solar para el establecimiento de un Colegio de Niñas Huérfanas, dotando así a un sector vulnerable de la sociedad de conocimiento y asistencia no sólo espiritual sino también material. Así también otra preocupación fue la creación del Seminario para el debido servicio de la Iglesia, crianza y educación de la juventud. Había familias que no podían costear los estudios en la Universidad, de allí la importancia de este proyecto. Esta decisión de Videla representaba la oportunidad de los jóvenes salteños de acceder a conocimientos científicos sin ningún costo para el presupuesto familiar. Cabe valorar este servicio que Videla pone a disposición de la juventud salteña, en virtud que nuestra ciudad sólo contaba con una escuela de primeras letras a cargo del Cabildo.

5. Puso todo su empeño para establecer estudio de gramática, filosofía y teología en el colegio de los jesuitas, que habían sido expulsados, sitio destinado por el Rey para viceparroquia.

Un litigio interpuesto por José León Cabezón quien pretendía el predio, amenazó con frustrar el funcionamiento de la Casa de Estudios. Ante la enojosa situación un centenar de vecinos apoyó la tesis de Videla a favor de la concreción de la obra del obispo. El seminario tuvo una vida efímera, un año y medio, siendo la principal dificultad la falta de profesores.

Es recurrente en el Obispo la necesidad de cultivar las virtudes del clero, en todo momento busca incentivar las cualidades con que debe estar investido un servidor del Señor y de su Santa Madre. Es particularmente revelador el Documento normativo dechado el 23 de noviembre de 1809 en el que se insertan las Disposiciones Episcopales para indagar la conducta cristiana de los curas. Su propósito es lograr un clero prístino y sólido en su ejercicio sacerdotal.

6. Otros problemas se plantearían a Videla en el ejercicio de su obispado los que lo llevarían al destierro. Desde Córdoba, el Deán Funes alegaba improcedencia en el trámite burocrático de asunción al obispado. Np cabe duda que la creación del obispado de Salta, cercenando del de Córdoba había desatado vivas pasiones en varias ciudades que apetecían el protagonismo de ser la sede episcopal del nuevo obispado. En Salta, surgió una fuerte oposición cimentada en la malevolencia y la codicia del Deán Vicente Atanasio Isasmendi y del canónigo José Miguel de Castro, ocasionada por una injusta distribución de dignidades que fue mal interpretada y que dio base a un continuo hostigamiento del cual fue víctima.

Monseñor Videla no había cometido ninguna injusticia con ellos, ni caído en ninguna ilegalidad, ya que las acciones encaradas por el obispo contaban con la aprobación real en su gestión.

La desafortunada intervención del Gobernador Intendente, a favor de su hermano el Deán y de Castro, otorgaba plena impunidad a los clérigos opositores, situación que enrareció las relaciones y fue motivo en el retraso de la erección de la catedral y la creación del Cabildo Eclesiástico. Esta situación le lleva a promulgar su Carta Pastoral de 1809 para aclarar la situación y para tranquilizar la conciencia de sus fieles. Pero a pesar de todas estas prudentes medidas cautelares. Videla no tuvo suerte, pues resueltas de ello nació un poderoso foco de enemistad, decisivo en su posterior destierro. Quedó planteado el conflicto entre el nuevo Obispo foráneo y un sector del poder local. Las aspiraciones d Isasmendi a la mitra eran incontenibles. No se le perdonaba a Videla truncar las aspiraciones episcopales de un representante de la sociedad local. Perduraba un resabio casi feudal no sólo en el manejo político sino también en lo religioso a pesar de la contundencia de la normativa religiosa consagrado por el Concilio de Trento y el Derecho Canónico.

La situación que esta tensión creo, en la nacida diócesis de Salta no podía ser más delicada y destructiva. Este derivó en la paralización de todas las actividades de la naciente diócesis, colocando a su pastor en una lamentable y penosa situación y dilapidando todo su capital creativo. En adelante, toda obra emprendida por Videla fue inmediatamente contrarrestada por este grupo.IV. Videla y la Revolución

1. las autoridades coloniales como luego las patriotas, tenían la fuerte convicción del ascendiente que el clero tenía sobre su feligresía. Y es que la Iglesia ostentaba la representación de lo más noble y rico como así también de los más sencillo y simple de la sociedad. La Iglesia venía a ser como la prolongación de las casas, el clero como la continuación de las familias. Por consiguiente, para la población del clero como la continuación de las familiar. Por consiguiente, para la población el clero era algo propio, al saber de los religiosos, era su saber, sus virtudes estaban incorporadas en la comunidad. La honra de la Iglesia, era la honra de los habitantes, la causa de la religión era la causa del pueblo.

El clero en nuestras tierras ejercía un poder moral sobre la opinión pública. Su influencia en la sociedad en aquellos tiempos era un elemento a considerar en las políticas públicas. De allí la importancia de la decisión de los clérigos luego de la proclamación de la Junta el 25 de mayo de 1810.

2. Bernardo Frías en su monumental “Historia del General Martín Güemes y de la Provincia de Salta, o sea de la Independencia Argentina”, es contundente al expresar la adhesión de Videla a la causa de Mayo. En el Acta del Cabildo Abierto del 19 de junio de 1810, ocasión que Salta asumiera la postura ante la Junta de Buenos Aires y que Frías transcribe, consta la presencia de Mons. Nicolás Videla del Pino junto a los Curas rectores de los Conventos de San Francisco, de la Merced y de los Betlemitas. En esa jornada, nuestro Obispo, adhiere al movimiento de Mayo, en nombre del clero. El Acto afirma que la Capital se hallaba “rodeada de enemigos poderosos y en el mayor riesgo y peligro que nunca, lo que había necesidad extrema de un jefe activo, vigilante y celoso en circunstancias de haber abdicado el mando el señor Virrey y suponiendo pesa era la verdadera causa de la creación de la junta Provisional de Buenos Aires, con el objeto de la conservación de nuestra sagrada religión, decía, y de los estados y dominios de nuestro cautivo Rey D. Fernando VII”. 

Su Ilustrísima sostenía, agrega el Acta, que “fiel, leal y amante del Rey y Señor, debía esta Capital unirse con la de Buenos Aires, contemporizando y siguiendo sus designios y cooperando por su parte a su ejecución”. 

Esta adhesión, no fue suficientemente valorada. En el trascurso de los años 1810 y 1811, no hay variaciones en el contenido de sus ideas políticas con respecto a la situación imperante en las tierras del Plata.

Producto de su adhesión a la causa patriota es su Instrucción Pastoral de 1812, cuya súplica era: “pro pia sacta nostrae libertatis causa”, cuya traducción es: por la piadosa y santa causa de nuestra libertad. En ella revela su obediencia a las nuevas instituciones de gobierno.

3. Empero, más tarde, intereses ocultos y mezquinos, arrojaron sobre él sospechas de traición a las nuevas autoridades. Cuando Belgrano se hizo cargo del mando del Ejército del Norte en marzo de 1812 y atravesó la diócesis, esas fuerzas ocultas y maledicentes obraron en perjuicio del pastor. Fuerzas patriotas interceptaron una supuesta correspondencia del Gral. Goyeneche, el jefe realista donde constaba que el obispo respondía a las autoridades españolas. Esta situación hizo dudas a Belgrano de la fidelidad de Mons. Videla por lo que dispuso alejar al obispo de su diócesis. Una rara y extraña mezcla de errores en los datos y en su interpretación, cifraron posteriormente un juicio irresoluble.

4. La historiografía oficial lo calificó de traidor. En el injusto juicio a que fue sometido se presentaron pruebas falsas a pesar que en todas las intervenciones de Videla, no hay ninguna señal ni por propia manifestación ni por percepción ajena que haga suponer una postura a favor de los realistas. ”

El reconocido jurista e historiador, Dr. Abelardo Levaggi, en un sólido estudio intitulado “El proceso a Mons. Videla del Pino” demostró los graves vicios que se sustanciaron en el juicio, la falsía de las pruebas, las firmas apócrifas. Con el correlato que le juicio no tuvo condena y que el Obispo permaneció toda su vida preso, o deportado, sin que se le diera un veredicto que sustentará la presión que fue de por vida.

La noticia de su prisión y su posterior destierro, causó una enorme tristeza y desolación. En la Documentación Archivística, encontramos numerosos testimonios en apoyo al Obispo, más las autoridades que se sucedieron desde 1812 hasta 1819, no lograron resolver esta larguísima causa ni hacer justicia al reo.

5. Videla reconoció y juro obediencia a la Soberana Asamblea del año XIII, como posteriormente haría lo propio con el Soberano Congreso reunido en la ciudad de Tucumán. Los diputados por Salta ante el Congreso pidieron reiteradamente la devolución de su Prelado al a Diócesis; pueblo y gobierno padecían la ausencia de su pastor. Videla encontró en los Congresales de 1816 la madurez y buena fe que no obtuvo en tierra salteña. En la numerosa correspondencia al Congreso, el Obispo prometía “reconocimiento y fidelidad a la soberanía, ofreciendo ponerle en marcha para esta ciudad a prestarle este homenaje personalmente”.

El 7 de junio de 1817, Videla arrodillado delante de un crucifijo, y con la mano en los Santos Evangelios, prestó juramento ante Pedro Ignacio Rivera, Presidente y abogado graduado en Chuquisaca. Así nuestro Obispo se adhería y juraba fidelidad al nuevo régimen establecido en el Río de la Plata, y su independencia del rey de España Fernando VII, sus sucesores, metrópoli y de toda dominación extranjera.

Se le negaron los beneficios de la amnistía que decretara el Congreso de Tucumán. Sistemáticamente se rechazaron los pedidos en este sentido.

Acontecimientos de diversa índole obstruyeron toda gestión liberadora del Obispo. Los tiempos bélicos colaboraron entorpeciendo los intentos liberadores. Las tropas realistas avanzaban sobre Salta amenazando Tucumán, ocasionando la clausura de las sesiones del Congreso, y ocasionando su posterior traslado a Buenos Aires. Allí también fue Videla. En esta ciudad residiría sus dos últimos años en los severos claustros del convento de la Merced.

6. Nicolás Videla del Pino falleció el 16 de marzo a punto de cumplir setenta y nueve años de edad. El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón se interesó personalmente por las exequias, que tuvieron lugar en el destierro, en el que fue jugado, pero no condenado. Con la muerte de Videla se extinguía la jerarquía eclesiástica en el Rio del Plata.

Así concluía la vida de este destacado y meritorio sacerdote y obispo argentino.

Conclusión.

Es menester reconocer, a doscientos años la labor de nuestro primer obispo.

Respetuoso de la autoridad constituida, no obtuvo justicia de quienes ejercieron sucesivamente el poder en la naciente república.

Esta decisión dejo en lamentable orfandad a la feligresía de la nueva diócesis. Los salteños se vieron privados de la conducción espiritual, pero también y mucho más grave, se truncó la concreción de las numerosas obras que el Obispo había proyectado realizar, especialmente en el campo educativo

la niñez y la juventud salteña en los tiempos de la naciente república se vieron privados de las luces que podían proporcionar los establecimientos educativos creados por Mons. Videla que no obtuvieron el apoyo luego de su ostracismo.

En las tierras del Plata no se supo valorar a quien realizara una brillante obra en su Córdoba natal, como luego ejerciera una eficiente y magnifica labora en las tierras paraguayas.

Estos antecedente no fueron suficientemente examinados y evaluados.

“Excelencia de su genio y distinguido talento”, “Singular prudencia y conducta irreprensible”, son los calificativos con los que el obispo José Antonio de San Alberto definió a nuestro primer Prelado.

Su corta labor episcopal no fue realmente afortunada, su piedad y sus dotes de inteligencia poco pudieron durante su obispado, quien vio extinguirse un sistema de dependencia hispánica y ubicarse en la encrucijada de la historia que representó la génesis de un sistema nuevo regido por los propios habitantes de la tierra americana.

Es un deseo que nuestro primer Obispo pueda descansar en nuestra tierra y una pena que seamos privados de concurrir con nuestras oraciones a reivindicar su figura. Pretendemos rescatarla.

Roguemos que Nuestro Señor nos auxilie en la búsqueda de sus restos y que permita que descansen en su Iglesia particular a la que deseaba regresar, pero murió sin poder hacerlo.

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