Celebración Eucarística de Entrega del Sínodo a las Parroquias

Salta, Catedral Basílica

18 de noviembre de 2021

 

Queridos hermanos:

 

En el corazón de un tiempo difícil pero desafiante que parece anunciar un nuevo florecer, vuelve a escucharse en el corazón de la Iglesia de Jesucristo la pregunta que orientó todo el pensamiento y la palabra del Concilio Vaticano II: “Iglesia ¿Quién eres? ¿Qué dices de ti misma?” El escenario no es ya sólo el solemne espacio de la Basílica de San Pedro y de las adyacencias vaticanas, la pregunta resuena en el corazón de la Iglesia extendida por todo el mundo y desafiada por la humanidad que, a pesar de todo, sigue reclamando a la Esposa de Cristo: “Queremos ver a Jesús” (Jn 12,21).

 

Hoy, cincuenta y nueve años después, los interlocutores llamados a responder la pregunta no son sólo los padres conciliares. El Concilio nos enseñó que la Iglesia es un Misterio que hunde sus raíces en el seno mismo de la Santísima Trinidad de la que es el ícono social; por ello se presenta como el Pueblo de Dios, nacido del corazón del Padre, que, como Cuerpo Místico de Cristo hace visible la presencia del Hijo nacido de María, muerto y resucitado, en el corazón de la historia, y por el impulso del Espíritu Santo camina a lo largo de los tiempos y lugares, anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios hasta que el Señor vuelva.

 

¿Cómo vivir hoy nuestro ser y pertenecer a la Iglesia, este misterio de comunión misionera? El Papa San Juan Pablo II, nos enseñaba es el Espíritu “el que convoca y une a la Iglesia y el que envía a predicar el Evangelio a los confines de la tierra. Por  su parte, la Iglesia sabe que la comunión, que le ha sido entregada como don, tiene una destinación universal. De esta manera, la Iglesia se siente deudora, respecto a la humanidad entera y de cada hombre, del don recibido del Espíritu que derrama en el corazón de los creyentes, la caridad de Jesucristo, fuerza prodigiosa de coherencia interna y, a la vez, de expansión externa”1.

 

En esta tarea todos somos responsables, se trata de anunciar el Evangelio. “Los  fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio: son habilitados y comprometidos en esta tarea por los sacramentos de la Iniciación Cristiana y por los dones del Espíritu Santo”2.

 

Respecto a los religiosos y las religiosas en clara esta corresponsabilidad, también nosotros sacerdotes, obispos y el Papa.

 

La misión misma confiada por la Santísima Trinidad y expresada por Jesucristo a su Iglesia nos compromete a todos. Nadie puede actuar solo. Somos Iglesia. Y somos una Iglesia que camina en la historia en comunión con Dios y con los hermanos. Por eso, la pregunta: “Iglesia ¿Qué dices de ti misma?” se dirige a todos los bautizados y la compartimos con todos los hombres de buena voluntad. Caminamos todos, caminamos juntos.

 

¿Cómo se vive en la historia este caminar juntos? En sínodo. La respuesta es casi una tautología. Algunos  Padres de la Iglesia consideraban que Iglesia y Sínodo son sinónimos. Por eso, asumir la tarea de caminar juntos, no es algo optativo, es ser coherentes con lo que somos, con la misión que recibimos de Jesús, todos y cada uno de nosotros, porque somos bautizados, porque el Espíritu nos confirmó, porque comulgamos el Cuerpo y la Sangre de Cristo que continúan entregándose y derramándose por nosotros.

 

El primer acto de este camino sinodal, que es un camino evangelizador, es aprender a escuchar. Escuchar a Dios, para poder escuchar lo profundo del clamor de los hermanos, escuchar a los hermanos para descubrir en ellos y con ellos, la voluntad salvífica de Dios. La oración ha de atravesar nuestra tarea.

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“Si queremos que el Evangelio de Cristo en nosotros se convierta en acción debemos pasar por la oración. Los  momentos de silencio nos abren el corazón a la escucha. Nos exponemos al amor de Jesús que derrite nuestra resistencia.

 

El camino sinodal en la diócesis debe abrirse con una oración verdadera y profunda. Sólo la oración puede llevarnos a una actitud interior de apertura y disponibilidad (lo que se llama indiferencia) y a la paz para tomar decisiones en libertad.

 

Recemos por una verdadera comunión. La comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos abre a la comunión de la Iglesia. La comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo evitará que convirtamos el Sínodo en un debate político, en el que cada uno luche por su propia agenda. Por eso, nuestro camino que empieza aquí (en nuestra parroquias, cuasi parroquias y vicarias) nos llevará a la etapa en la que nuestro Papa sacará conclusiones a partir del Documento Final del Sínodo de los Obispos, que será el fruto de todo el proceso de escucha y discernimiento que se inicia este fin de semana para todo el pueblo de Dios”3

 

Comenzamos esta etapa en nuestra parroquias, cuasi parroquias y vicarias renovando nuestra fe en Dios, alimentando nuestra esperanza en la celebración de esta Eucaristía que reúne a toda la Arquidiócesis y afirmando nuestro compromiso de amor.

 

Agradezco a los señores sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas que han respondido con entusiasmo a la convocatoria para ser miembros de la mesa ejecutiva, a todos los hermanos que expresaron su disponibilidad para participar en las mesas de trabajo y en las comisiones. En días sucesivos iremos anunciando la metodología y los tiempos de trabajo.

 

Le agradezco mucho a Uds. queridos sacerdotes que han venido, muchos de ustedes, desde parroquias lejanas. Muchas gracias por este sacrificio y por entusiasmar también a los delegados parroquiales, para movilizar este clima y poner en marcha el diálogo que nos ayudará a conocer la voluntad de Dios sobre nosotros.

 

Así como hoy queremos entregar el Sínodo a las Parroquias, en fecha próxima hemos de celebrar la apertura en cada uno de los seis decanatos de la Arquidiócesis.  Quiera el Señor que todos los habitantes de esta Iglesia particular, aún los no católicos o  no creyentes, acepten la llamada a dialogar escuchándolos para que el Espíritu nos indique el camino de una fidelidad más generosa al designio de Dios sobre nosotros.

 

Queremos confiar esta tarea a la protección del Señor del Milagro y de Sumalao, a la Santísima Virgen del Milagro, a San Bernardo de Claraval, los Apóstoles San Felipe y Santiago, a Francisco Solano, todos ellos patronos de los seis decanatos que conforman esta Iglesia particular de Salta.

 

Amén.

 

 

Mario Cargnello

Arzobispo de Salta

 

 

1 SAN JUAN PABLO II, Christifideles Laici, a partir de ahora CL 32

2 Id.

3 Card. Jean Claude Hollerich, Relator General del Sinodo, Meditación, Sala del Sínodo, 9 de octubre de 2021.

 

 

 

 

 

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