26 de enero de 2020

Arquidiócesis de Salta

Queridos hermanos sacerdotes:

                               El domingo 26 de enero, 3° domingo del tiempo “durante el año”,  hemos de celebrar el Domingo de la Palabra de Dios. El mismo fue instituido por el Papa Francisco mediante el Motu Proprio “Aperuit illis” firmado el 30 de septiembre de 2019. El Santo Padre nos invita a celebrar, reflexionar y difundir la Palabra de Dios con espíritu ecuménico, teniendo en cuenta que “la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha para llegar a una auténtica y sólida unidad”[1].

                               El Papa nos sugiere, entre otras indicaciones:

  1. Vivir este domingo como un día solemne. Es cierto que el clima de vacaciones no favorece mucho. Sin embargo, pensando en nuestros hermanos que permanecen en nuestras comunidades, hemos de preparar con sencillez y devoción, nuestras Celebraciones Eucarísticas destacando “el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía” teniendo en cuenta que “el contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen. Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre”[2].
  2. Entronizar el texto sagrado en la Celebración. Se trata de destacar la proclamación de la Palabra de Dios.
  3. Prestar atención a la homilía, que posee un carácter “cuasi sacramental”. Aquí se nos llama a asumir una obligación pastoral ineludible: alimentar al Pueblo de Dios con la Palabra ejerciendo el ministerio profético que nos ha sido dado en la ordenación sacerdotal.  “Que nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura para que sea acogida no como palabra humana, sino, como es en verdad, como Palabra de Dios”[3].
  4. Impulsar el espíritu misionero. Ya que “la dulzura de la Palabra de Dios nos impulsa a compartirla con quienes nos encontramos en nuestra vida para manifestar la certeza de la esperanza que contiene”[4].
  5. Estimular la caridad practicando la misericordia. “La vida de Jesús es la expresión plena y perfecta de este amor divino que no se queda con nada para sí mismo, sino que se ofrece a todos incondicionalmente… Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: éste es un gran desafío para nuestras vidas”[5].

El Año Mariano Nacional que estamos celebrando nos anima. En efecto, “nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho (Cfr. Lc 1,45). La bienaventuranza de María precede a todas las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús para los pobres, los afligidos, los mansos, los pacificadores y los perseguidos, porque es la condición necesaria para cualquier otra bienaventuranza. Ningún pobre es bienaventurado porque es pobre; lo será si, como María, cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Lo recuerda un gran discípulo y maestro de la Sagrada Escritura, san Agustín: “Entre la multitud ciertas personas dijeron admiradas: “Feliz el vientre que te llevó” y Él: “Mas bien, felices quienes oyen y custodian la Palabra de Dios”. Esto equivale a decir: también mi madre, a quien ustedes han calificado de feliz, es feliz precisamente porque custodia la Palabra de Dios; no porque en ella la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, sino porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne” (Tratados sobre el evangelio de Juan 10,3)”[6].

Gracias por todas las iniciativas que puedan poner en marcha para que la Palabra de Dios sea valorada y continúe siendo el alimento de la vida de cada uno de nosotros, discípulos de Jesús, y de nuestras comunidades.

                Fraternalmente en Cristo Jesús, Palabra hecha carne.

                                                                             

Mario Cargnello

                                                                               Arzobispo de Salta

                                                                               16 de enero de 2020


[1] FRANCISCO, Aperuit illis, 3

[2][2] Id. 8

[3] Id. 5

[4] Id. 12

[5] Id. 13

[6] Id. 15

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