El Papa Francisco, luego de haber recibido numerosas peticiones de distintos particulares y de asociaciones vinculadas a la pastoral bíblica, y habiendo consultado –principalmente a los miembros del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización (ministerio vaticano creado por Benedicto XVI, el 21 de septiembre de 2010)–, instituyó el Domingo de la Palabra de Dios. La Carta Apostólica en forma de “Motu proprio” APERUIT ILLIS es muy clara y puede leerse en la página oficial del Vaticano: http://www.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio-20190930_aperuit-illis.html

      El objetivo principal de esta nueva celebración es estimular a los creyentes a comprender la riqueza inagotable que proviene del diálogo permanente de Dios con todos los seres humanos, puesto de manifiesto particularmente en el desarrollo progresivo de la historia de salvación vivenciada por el pueblo elegido y testimoniada en las Sagradas Escrituras.

      Tal vez, para entender que el Domingo de la Palabra de Dios no anula ni es lo mismo que el Domingo Bíblico (que en nuestro país, desde 1961, celebramos el último domingo de septiembre) sea útil recordar lo que decía el Papa Francisco a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica el 12 de abril de 2013: “Las Sagradas Escrituras, como sabemos, son el testimonio escrito de la Palabra divina, el memorial canónico que atestigua el acontecimiento de la Revelación. La Palabra de Dios, por lo tanto, precede y excede a la Biblia. Es por ello que nuestra fe no tiene en el centro sólo un libro, sino una historia de salvación y sobre todo a una Persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne. Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende más allá de la Escritura, para comprenderla adecuadamente es necesaria la constante presencia del Espíritu Santo que «guiará hasta la verdad plena» (Jn 16, 13)”.

      Posiblemente se eligió para esta nueva celebración el III domingo del tiempo ordinario por las lecturas que propone el Leccionario:

  • Ciclo A: la Primera Lectura del libro del Profeta Isaías (8,23b-9,3) anuncia que brillará en Galilea una gran Luz; y en el Salmo Responsorial (26,1.4.13-14) se canta que esa Luz –que al mismo tiempo es la salvación– es el Señor; en la Segunda Lectura (1 Corintios 1,10-14.16-17) el apóstol Pablo asegura que Cristo no lo envió “a bautizar sino a anunciar el Evangelio” y en la proclamación del Evangelio (Mateo 4,12-23) se afirma que con el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea se cumplió lo anunciado por Isaías (lo leído en la Primera Lectura) y se hace referencia a la llamada de los primeros discípulos de Jesús, que luego de la ascensión del Señor serán responsables de anunciar la buena noticia haciendo que todos los pueblos sean discípulos, bautizando, y enseñando a cumplir todo lo que su Maestro –con obras y palabras– les había mostrado (cfr. Mt 28,19-20).
  • Ciclo B: la Primera Lectura de la Profecía de Jonás (3,1-5.10) muestra cómo la Palabra de Dios predicada –incluso a desgano y de forma distorsionada– produce frutos de conversión; en el Salmo Responsorial (24,4-5ab.6-7bc.8-9) se recuerda que “El Señor (…) enseña el camino a los pecadores, hace caminar a los humildes con rectitud y enseña su camino a los humildes” y en el Evangelio (Marcos 1,14-20) se afirma que “después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Y allí proclamaba la Buena Noticia de Dios”.
  • Ciclo C: en la Primera Lectura (Nehemías 8,2-6.8-10) se dice que “los levitas leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura”; la antífona del Salmo Responsorial (18,8-10.15) canta: “Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida”; en la Segunda Lectura (1 Corintios 12,12-30) se recuerda que “en la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores” para que proclamen y expliquen las Escrituras a todos los miembros del único Cuerpo de Cristo; y en el Evangelio (Lucas 1,1-4;4,14-21) el autor del libro explica que su obra se basa en los testimonios que “fueron transmitidos por aquéllos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra” y presenta a Jesús leyendo al profeta Isaías en la sinagoga de Nazaret y asegurando que en él se cumplía el pasaje de la Escritura que se acababa de proclamar.

      Por tanto hay que tener en cuenta que el Domingo de la Palabra de Dios no es lo mismo que el Domingo de la Biblia, que en Argentina se celebra cerca de la fiesta de san Jerónimo. La nueva celebración no hace que deje de celebrarse el Domingo Bíblico Nacional y la Semana y/o el Mes de la Biblia como lo venimos haciendo. En la celebración de enero recordamos fundamentalmente que “Dios dispuso en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación” (Dei Verbum, 2). En cambio, en septiembre, lo que se procura es hacer tomar conciencia del lugar fontal que las Sagradas Escrituras tienen en nuestra fe y la necesidad que tenemos de conocerlas e interpretarlas comunitariamente para que animen nuestra vida personal y eclesial, y la actividad pastoral.

      Teniendo en cuenta que en 2019 se conmemoran los 50 años de la creación de la Federación Bíblica Católica (FEBIC) –organismo dependiente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, fundada por san Pablo VI con el fin de garantizar el cumplimiento de las disposiciones conciliares de la Constitución Dogmática Dei Verbum (de modo particular el capítulo VI) – y en 2020 se conmemoran los 1600 años de la muerte de san Jerónimo, traductor de la biblia de sus lenguas originales al latín vulgar, la FEBIC anima a vivir el 2020 como un Año de la Palabra de Dios o Dei Verbi annus y para ello ofrece recursos y subsidios https://c-b-f.org/es/DeiVerbiAnnus?utm_campaign=DeiVerbiAnnus&utm_term=https://c-b-f.org/es/DeiVerbiAnn&utm_medium=email&utm_source=directmailmac

      Estas celebraciones y aniversarios pueden ser una oportunidad para convertirnos al Evangelio, profundizando la comunión entre nosotros y redescubriendo la mesa común de la Palabra. En síntesis, Domingo de la Palabra de Dios y Domingo bíblico se complementan y se enriquecen mutuamente estimulándonos en el seguimiento y discipulado misionero de Jesucristo a quien conocemos cada vez que nos acercamos con humildad a las Escrituras en donde se nos manifiesta como Palabra plena de Dios.

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Comentarios a las Lecturas del III Domingo del tiempo ordinario

Domingo de la Palabra de Dios

Is 8,23b-9,3

  • Los judíos consideraban la “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, allende al Jordán”, como la tierra de los gentiles. Según 2Re 15,29, desde Tiglatpileser III (734-733 a.C), además de deportaciones, Galilea había sufrido infiltraciones paulatinas de colonos paganos: arameos, itureos, fenicios y griegos. En tiempo de Cristo vivían numerosos de ellos juntamente con los judíos de raza y judíos mixtificados (1Mac 5,15), atraídos por el comercio.
  • Esas tribus antes humilladas y castigadas, y esta región de Galilea mixtificada de gentiles, junto al sincretismo religioso y merma de las creencias y prácticas de la religión judía, hizo que los judíos de Judea considerasen a los galileos como judíos inferiores y a la Galilea como “Galilea de los paganos”.
  • Sin embargo, “el pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz” (v.16). Los que estaban «en tinieblas» estaban recibiendo un gran privilegio: el privilegio de tener allí, entre ellos, al Emmanuel (Is 9,5.6), para realizar su obra mesiánica. Por eso tanto gozo y alegría, expresado incluso con más de una metáfora. Esta es la línea que asumirá Mt: la llegada de Jesús a Galilea tendrá un valor mesiánico.
  • El “día de Madián” remite al episodio del tiempo de los Jueces (Jue 7ss) en que Gedeón derrotó a los hostiles madianitas con la sola ayuda de Dios, por lo que se le ofrece una posición de conducción dinástica, pero que él rechaza argumentando que sólo Yahvé es Rey (Jue 8,22-23). Es decir, el “día de Madián” apunta a una acción de salvación que podría haber conducido al reinado, pero que no se había dado bajo Gedeón. ¡He aquí la importancia del dato geográfico e histórico!

1Cor 1,10-14.16-17

  • San Pablo exhorta a los corintios a vivir la unidad y a dejar de lado las divisiones que habían entre ellos, según comentarios de la familia de Cloe. El enfrentamiento tenía cuatro referentes: Pablo, Apolo, Cefas, Cristo. Los argumentos con los que Pablo fundamenta el rechazo a dicha división, eran absolutamente cristológicos: en Cristo no puede haber división (cf. 12,13); pero, además, Él fue crucificado por todos y en Su nombre todos fueron bautizados.
  • Para Pablo estas divisiones, además de afectar a la unidad de la comunidad, tocan el núcleo mismo de la fe cristiana. Se trata, por tanto, de un tema muy importante. Da la impresión de que los corintios hacían comparaciones entre los diversos apóstoles desde un punto de vista meramente humano y hacían depender la verdad del evangelio de la elocuencia del predicador. Termina sosteniendo que el anuncio del Evangelio no se puede fundamentar en la lógica humana sino en la lógica de la Cruz.

Mt 4,12-23

  • El Evangelio de este domingo relata los inicios de la vida pública de Jesús en las ciudades y poblados de Galilea.
  • Jesús cambió su centro de actividades, pasó del Sur al Norte. Se retiró de la zona de Jerusalén (donde el Bautista había sido detenido y encarcelado por Herodes) para dirigirse a Cafarnaúm, ciudad situada al borde del lago de Genesaret, enclavada en la tribu de Neftalí (Jos 19,32ss).
  • Su misión parte y se concentra en aquella zona “periférica” e “impura” (la distancia de Jerusalén dificultaba los ritos de purificación), despreciada por el “oficialismo” de Judea, es decir, por los judíos más observantes y “puros”, a causa de la presencia en aquella región de muchas y diversas poblaciones extranjeras. Galilea había recibido inmigrantes de casi todas las provincias del Imperio Romano. Como escuchamos, el profeta Isaías la llama «Galilea de las naciones» o «Galilea de los gentiles».
  • Mateo tiene que “justificar” esta opción de Jesús y lo hace presentándola como cumplimiento de la profecía, es decir, la salvación -en términos de luz y alegría- como voluntad de Dios, no sólo es para Israel sino para todas las naciones. Según Mateo -escrito para hacer llegar su mensaje a gente religiosa y, principalmente, a los judíos de Israel- el motivo del traslado de Nazaret a Cafarnaúm (los otros Evangelios no dan ese detalle) fue el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, que encontramos en el libro del profeta Isaías 9,1-2 y 42,6-7. Se está dando una gran Buena Noticia: la llegada de la salvación a los paganos.
  • Con mucha probabilidad, alrededor del mar de Galilea imperaba la frivolidad, el bajo nivel moral, pero sobre todo el sincretismo religioso. Los habitantes de esa zona estarían lejos de la verdadera fe y del verdadero “conocimiento” de Yahvé. Sin embargo, la luz irradiada por Jesús brilló sobre estas “oscuras regiones de muerte”, incluso creándoles una gran responsabilidad y desafío: fueron testigos del mayor número de enseñanzas y milagros realizados por Él. Así lo expresa el último versículo de este texto (v.23). Además de sanar todas sus enfermedades y dolencias, Jesús les enseñaba a los judíos en sus sinagogas (centros de estudio y enseñanza de la ley), como también fuera de ellas. Predicaba la buena noticia del reino: el Rey se había acercado… Ahora ellos tenían que aceptarlo y recibirlo. ¡He aquí la gran responsabilidad y desafío!
  • En Cafarnaúm, Jesús reanudó su mensaje en el mismo punto donde el Bautista lo había dejado. Comenzó a predicar (verbo del que se deriva kerigma): «Conviértanse, porque el Reino de los cielos está cerca» (v.17). La partícula gar (porque) unió para siempre el imperativo metanoeite al indicativo (está cerca). Lo que Jesús exige, según Mateo, es el seguimiento. La cercanía del Reino de los cielos es lo determinante. No es el comportamiento del hombre lo que determina la venida del Reino sino que es su cercanía o venida la que exige la respuesta del hombre: es el kerygma el que reclama la adhesión y el seguimiento al Señor por parte de los oyentes. No se trata, pues, de ir nosotros al Reino de Dios, sino de que el Reino viene-venga a nosotros, como se pide en el Padrenuestro (cfr. Mt 6,10). El Reino de los cielos es la presencia y el gobierno del “Emanuel” sobre la tierra, que espera adhesión de fe. Hay que convertirse porque el Rey está entre nosotros.
  • Inmediatamente a esa exhortación, sigue la creación del discipulado (Mt 4,18-22), como para indicar la esencial dimensión comunitaria del Reino. El Reino de Dios es la comunidad con Dios en la comunidad de los hombres que se han unido a Jesús, por eso la primera acción de Jesús después de anunciarlo es conformar la comunidad de sus discípulos. En esta escena, Jesús sigue siendo la figura dominante. Mostrando libertad de movimiento, elige las “orillas del mar de Galilea” como escenario, para constituir su comunidad, en patente oposición al judaísmo de Judea. Elegir aquellas fronteras implicaba universalidad, pero no menos una gran audacia y escándalo ¡Cómo imaginar que el Mesías comenzara su misión en tierra pagana!
  • También en Galilea, el Señor resucitado dio a los discípulos el mandato de hacer que todos los paganos sean discípulos suyos (28,16-20). Desde la perspectiva futura de la salvación orientada a los paganos y, en coincidencia con el plan de Dios, Jesús comienza acá (v.17ss) su predicación a Israel. La “gran luz” es Cristo y el brillo del evangelio, ya no es la Ley (Orígenes).
  • Las riveras del “mar de Galilea – Galilea de los paganos” pasaron a ser como el “lugar espiritual” propio del Mesías. El lector -como aquella comunidad- sabe que el texto habla de su propio origen (la llegada del Hijo de Dios a la Galilea es la génesis de la comunidad), y lo hace no en términos “históricos” sino “salvíficos”.

Mirar Galilea: cuando los lugares dicen

Una perspectiva posible sería mirarnos desde este “lugar”:

  1. A veces, los lugares desde donde venimos los “llamados”… pretendemos que sean el parámetro de análisis… y miramos las personas y las realidades como Judea miraba a Galilea… no terminamos de comprometernos con las periferias
  2. Los lugares donde “nos mandan”… Miramos parroquias, servicios, apostolados, espacios eclesiales desde el “centro de poder” Jerusalén… entonces hay lugares de primera y de segunda, tercera…o de última.
  • Nada parece presuponer esta llamada. Todo es pura gratuidad. Así como en este caso, con éste mismo verbo orao, Jesús mira otras muchas realidades y personas: ve al Espíritu Santo, al Padre, a la madre, al cielo, a la multitud como a algunos privilegiados (suegra de Pedro, mujer que padecía hemorragia, la viuda de Naím, la mujer encorvada, al enfermo de Betsaida, al ciego de nacimiento), a los discípulos en general como a algunos en particular (Pedro, Natanael, al discípulo amado, a María la hermana de Lázaro, etc.). Incluso ve lo que humanamente no se ve: la fe de los hombres que acarreaban al paralítico, los pensamientos de los escribas y la respuesta acertada de un escriba. Ve a todo tipo de personas: ricos, leprosos, amigos, pecadores, hombre, mujeres, viudos, casados, solteros, enfermos y sanos. Hasta “ve” simbólicamente cosas materiales, como la higuera y la ciudad de Jerusalén.
  • En la Biblia, el número “dos” está asociado con frecuencia al número de testigos unánimes requeridos para poder dictar una sentencia (Dt 19,15; Dan 13,28-42; Mt 26,60-61). Este número quedó asociado con la noción de “credibilidad”: si hay dos personas que dicen lo mismo, se debe creer lo que dicen (Jn 8,17; Heb 6,18). Por eso, por ejemplo, la corrección fraterna se debía hacer ante dos o tres testigos (Mt 18,16; 1Tim 5,19), los predicadores deberán ir siempre de “dos en dos” para que sea evidente que su testimonio era verdadero (Mc 6,7; Lc 10,1), los hombres con vestidos resplandecientes testificando que Jesús ya no estaba muerto en la tumba (Lc 24,4), como los testigos que debían profetizar durante un período de 1260 días (Ap 11,3), también eran dos. 
  • La mirada “a dos hermanos” puede aludir a la misión colegiada de los discípulos que luego serán enviados de “dos en dos” (Mc 6,7; Lc 10,1). Si bien Mateo no tiene este dato, es muy probable que lo conociera de Marcos. De todos modos, en la mirada y en el llamado de dos parejas de hermanos, sin duda se está presagiando la idea de la comunidad. La mirada de Jesús construye una nueva comunión de vida, más allá de los lazos sanguíneos, aunque sin renegar de ellos. ¿Podrían aludir a la 1º pareja de hermanos (Caín y Abel) que no pudieron convivir ni compartir el paraíso? ¿Querrá Jesús sanar y restablecer aquella incapacidad “original”?
  • ¿Por qué llama otra dupla de hermanos? Parece que Jesús quería dejar claro que la misión (“pescar hombres”), tal como fue pensada desde sus orígenes por Él, para que sea genuina y creíble, debía expresar su esencial dimensión comunitaria: se ejerce en comunidad y para la comunidad. Jesús estaría dando el ejemplo, por así decirlo, de que ninguna actividad pastoral debe programarse, ni menos llevarse a cabo, individualmente o solitariamente. En vistas a que éstos serían, en definitiva, los futuros testigos de la resurrección del Señor, era necesario que fueran siempre de a dos, tal como fueron llamados y convocados al seguimiento en la primera hora. La relación “ad intra” de la comunidad, debía de ser siempre de “fraternidad”.
  • En el contexto socio-cultural actual es fácil entender que a una determinada edad los jóvenes dejen sus familias para ir a trabajar o para formar una nueva familia. Sin embargo, en el contexto de la cultura de Jesús, la escala de valores antropológicos era diferente: toda persona estaba ligada por lazos de sangre a una familia tribal. A la cabeza del grupo estaba el pater-familia (él era la figura, el mandato, el maestro) y el varón que contraía matrimonio simplemente se construía su casa junto a la del padre y a la de los demás hermanos. Tanto, que todos los trabajos, ingresos y egresos eran compartidos en el seno de la sociedad familiar. Así, por ejemplo, el horno del pan era para uso común de la gran familia. No tenían necesidad de adquirir bienes estrictamente personales como en nuestra sociedad. En una cultura tan tradicionalista y con valores familiares tan arraigados, Jesús invita a dos hermanos a dejar lo impensable: la familia. Estamos frente a un llamado “contra-cultura”. Dejar la familia, no sólo era separarse de ella, sino privarse del medio de subsistencia. Era casi imposible que una persona pudiera subsistir por sí misma fuera del núcleo familiar (cfr. Lc 15,11-31: el hijo pródigo). Jesús pide desprendimiento porque el discípulo debe confiar y sostenerse en Él: Él quería ser tan vital, como el sustento cotidiano y los lazos familiares.

Mirar los pares de hermanos: cuando la fraternidad es ineludible

  1. Distintos orígenes, opciones, caminos… pero sólo a “un paso de distancia”… cuando la madurez pasa por sabernos distintos pero cercanos.
  2. El rol del “padre” y de los “hermanos” en las familias, en las comunidades, en los grupos, en la Iglesia. Celos, competencias, rivalidades… herencia, favoritismos, aceptación, predilecciones: Caín- Abel; Jacob-Esaú; José-hermanos están a la vuelta de la esquina
  • Este encuentro de Cristo con Simón-Pedro y Andrés tiene lugar cuando éstos estaban “arrojando la red al mar”. El procedimiento, que aún hoy sigue usándose, era enrollarse la red en el brazo, lanzarla al mar -en forma de círculo- hasta que desaparecía bajo el agua, y luego recogerla. El primer dato que da a conocer Mt no es ni un gran milagro ni un hecho espectacular; es una acción discreta y cotidiana: “pescar”. Jesús ve a dos hombres que realizan su trabajo con pequeñas redes, muy probablemente cerca de la orilla y en aguas poco profundas. No se sabe si tenían barca, ni relación de dependencia, ni empleados a cargo. El hecho de que sean pescadores supone que se hallaban sometidos al monopolio económico imperial. La pesca era una fuente de ingresos del imperio: “Todo lo raro y hermoso existente en el ancho océano… pertenece al tesoro imperial”, escribe Juvenal (Sát. 4.51-55).
  • ¡Eran gente pobre! Una parte de la población pobre vivía de la pesca en el mar de Galilea, trabajo considerado de segunda o de tercera categoría. Aunque los pescadores tenían algunos recursos económicos, su posición social era baja. En la escala de ocupaciones trazada por Cicerón (De off. I, 150-51), los propietarios de tierras cultivadas aparecen primero, y los pescadores en último lugar. Bajo el poder romano, los personajes mencionados se encuentran en un nivel inferior desde el punto de vista social y en una situación precaria desde el punto de vista económico. Ser pescador significa, además, trabajar continuamente: de noche se pesca y de día se limpia las redes. Precisamente, el “imperio de Dios” se manifiesta primero entre gente vulnerable. Jesús llamó a sus primeros discípulos entre ese grupo de personas.
  • No se saluda a nadie, no se conversa con nadie, nadie se da a conocer… Solamente se hace un llamado. Todo es muy conciso: invita a resaltar la magnitud del suceso.
  • Jesús llama a dos pescadores que están en el mar con una expresión que suena a una orden: “vengan detrás mío”. La expresión es un hebraísmo que bien puede traducirse con “síganme” (cfr. Dt 6,14; 11,28; 1Re 7,2) y era el modo rabínico que expresaba el discipulado. Simón -como los otros discípulos- escuchará de nuevo esta llamada, después del primer anuncio de la Pasión, ante el peligro de abandonar el seguimiento (Mt 16,24-25). Para estos hombres, seguimiento significa unión personal con Jesús, participar de su vida.
  • Con gran autoridad, Jesús toma la iniciativa. El seguidor no se presenta por propia decisión, ni son ellos los que piden poder participar en su obra. Tampoco se llega al discipulado por nacimiento, riqueza, sexo o preparación. Son su mirada selectiva y sus palabras las que hacen disponible el reinado de Dios y crean para los seguidores una comunidad alternativa y un modo de vida nuevo, cuyo centro, valores y estructura difieren totalmente a los del Imperio que ellos conocían. También los alumnos judíos se unían al Rabbí. Sin embargo, los discípulos de Jesús son convocados por el Maestro con plena y propia autoridad (a diferencia de los judíos que ellos elegían a sus maestros). Jesús no justifica su llamado recurriendo a un encargo de Dios; hace discípulos basándose en su autoridad personal. Y el discípulo no aprendía junto a Él la Torá (como el alumno del Letrado). Era llamado a conocer su Persona, su estilo de vida, su doctrina.
  • Más adelante, la imagen de la pesca será relacionada con la idea del juicio final y el ingreso al Reino (cfr. Mt 13,47-50). Ahora, en cambio, adquiere una nueva perspectiva: la de la actividad misionera. Aparentemente, estos hombres aguerridos poco tienen que ver con el estilo manso y pacífico de Jesús. Deberán resistir a los abusos de los imperios y gobernantes mientras, al mismo tiempo, ingeniárselas para incluir en el proyecto de Jesús nuevos seguidores. La pesca no dependerá de la pericia y experiencia que los pescadores tengan en el Lago, sino de la Palabra del Señor, como gráficamente lo demuestra la escena de la pesca milagrosa (Lc 5,4-7; Jn 21,4-6). Jesús no los toma como trabajadores asalariados y con vacaciones aseguradas. Él simplemente los mira y los llama. Quizás ni Pedro ni Andrés entendieron esta “nueva” vocación, pero lo cierto es que, confiando, lo siguieron.

Mirar la tarea: cuando trabajar es la condición

  1. De día la limpieza, de noche tirar las redes… trabajo sin descanso… El riesgo de las tareas del mar… El sentimiento de “laburar para que otro se beneficie”… Trabajos en zonas de peligros… poca claridad en los límites…
  2. Los “ahogos” más comunes hoy… los nuestros, los ajenos (drogas, violencia, etc.)
  • Inmediatamente” sugiere el desprendimiento y la generosidad en el seguimiento. Es la respuesta al llamado de Jesús: los hombres dejaron “al instante” su ocupación habitual para ir detrás del Señor. El abandono de las redes, sin arrastrarlas a tierra, muestran la obediencia radical de ambos. Así surgió y debe surgir siempre toda comunidad.
  • Notemos que no dice “se fueron con Él”, o “se asociaron a Él” sino de una forma más significativa: “lo siguieron”. Esta fórmula no dice que lo acompañaron, ni que formaron una especie de grupo de viajeros o una peña de estudiantes dispuestos a servir al Maestro. El verbo akolouthéo, que tan a menudo Mateo lo aplica al discipulado, asimismo en varias oportunidades lo utiliza para referirse al seguimiento de la “muchedumbre” (cfr. Mt 4,25; 8,1; 12,15; 19,2; 20,29). La indicación hermenéutica es clara: el seguimiento de los discípulos no se distingue del seguimiento del pueblo igualmente “adicto” a Jesús. A la luz del seguimiento, el pueblo y los Doce forman una unidad. He aquí una importante y primera alusión a la estructura de la comunidad mateana: no hay un grupo especial de seguidores ni una estructura ministerial constitutiva. En el seguimiento, Jesús va adelante y todos ellos detrás. Él es el primero, los demás deben seguir sus huellas.
  • En el segundo llamado -a Santiago y a Juan- la exigencia del seguimiento se radicaliza.
  • Primero se menciona el desprendimiento de la barca, su principal instrumento de trabajo. Este desprendimiento “material” se hace característico en los relatos de vocación. Pensemos, por ejemplo, al publicano Mateo que abandona su mesa de cobranzas (Mt 9,9), o al mendigo ciego Bartimeo que “arrojando su manto”, su única posesión, “dio un salto y fue donde Jesús” (Mc 10,46-52). Como primera instancia, todos (Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Leví, Bartimeo) tienen en común el haber dejado sus “instrumentos” de trabajo.
  • Además del abandono “instantáneo” de la barca, notemos la relevancia que tiene el abandono del padre carnal por obedecer al Padre celestial. Tema bastante frecuente en Mateo (cfr. Mt 8,21; 10,37; 23,9). Esta obediencia radical que implica la ruptura con la familia, en Mateo se exige a todos los miembros de la comunidad. El compromiso con el Señor tiene prioridad sobre los demás, pero ello no supone la ruptura de todos los lazos. Una incondicional adhesión a Jesús no es impedimento para continuar participando en las estructuras socio-económicas ni familiares (cfr. Mt 8,14-15; 15,1-9; 20,20).
  • En definitiva, el camino del discipulado comienza con un encuentro personal con Jesús que llama a seguirlo. La iniciativa es toda de Jesús quien irrumpe en la vida del hombre en su situación cotidiana, con su trabajo y sus vínculos familiares. La llamada implica una opción radical: dejarlo todo y seguirlo. La exigencia y su respuesta son afectiva y efectiva: se van detrás de Jesús dejándolo todo, subordinándolo todo a Él y a la misión por Él encomendada.

Mirar el seguimiento: cuando el inmediatamente lo tiñe todo

  1. Seguimientos comunitarios…la fuerza de un mismo verbo que comparte todo el pueblo de Dios… la clave para discernir “mis búsquedas” será “nuestro seguimiento”.
  2. Lo estático y lo dinámico… el apego y el desprendimiento… lo debido y lo gratuito… lo heredado, lo recibido y lo que hay que “enterrar” … en tensión… desde mi “situación original” a la “situación soñada” por el Señor

DOMINGO III durante el año

26/1/2020

DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS

MONICIÓN DE ENTRADA

Guía 1: La Palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la practiques. (Cf. Dt 30,14)

Guía 2: Hoy celebramos por primera vez el “Domingo de la Palabra de Dios”.  Fue instituido por el Papa Francisco para que dedicásemos cada III Domingo del Tiempo Ordinario a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. 

Guía 1: Esta celebración tiene un valor ecuménico y nos recuerda que nuestro Dios sale al encuentro de todos los seres humanos procurando dialogar con todos como un amigo habla con su amigo. Nos disponemos a escuchar la Palabra y a reconocernos en ella. 

KYRIE

Tú, que nos hablas como un amigo habla con su amigo, Señor ten piedad.

Tú, que te manifiestas como Luz y Salvación, Cristo ten piedad.

Tú, que nos invitas a seguirte y a escucharte, Señor ten piedad.

LITURGIA DE LA PALABRA

Las lecturas de hoy nos invitan a descubrir en Jesús al Salvador que es luz que brilla en las tinieblas trayendo la unidad, y haciendo que sus seguidores tengan un mismo pensar y sentir.  La Palabra de Dios comienza a iluminar desde la Galilea de los gentiles, en las periferias, y llama a sus prímeros discípulos.

Abramos nuestro corazón para recibir la Palabra que ilumina y llama.

I Lectura: Is. 8,23b-9,3

Salmo: Sal. 26,1.4.13-14 “El Señor es mi luz y mi salvación.”

II Lectura: 1Cor 1, 10-14.16-17

Evangelio: Mt.4,12-23

ORACIÓN DE LOS FIELES

A cada intención respondemos: “Queremos vivir tu Palabra”

  • Para que el Papa Francisco, los obispos, sacerdotes y todos los agentes pastorales de la Iglesia, guiados por el Espíritu de sabiduría proclamemos con fidelidad el Evangelio. Digamos…
  • Para que todos los cristianos y los judíos, reconociéndonos hijos del mismo Padre, escuchemos la Palabra de Dios que nos une y propiciemos el diálogo reconociendo nuestras raíces comunes. Digamos…
  • Para que quienes gobiernan nuestro país, escuchando la Palabra de Dios y el clamor de los más necesitados, trabajen por la unidad y la inclusión de todos los habitantes de esta tierra. Digamos…
  • Para que nuestra comunidad, animada y renovada por una mayor familiaridad y estudio de las Sagradas Escrituras, pueda ayudar a otros a crecer en la fe. Digamos…

PRESENTACIÓN DE DONES

Junto al pan y al vino, presentamos nuestro propósito de contribuir en la construcción del Reino con una actitud de escucha activa y de solidaridad. Lo hacemos cantando…

COMUNIÓN

Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, iluminados, llamados y fortalecidos por la presencia del Señor que siempre nos habla. Habiéndolo recibido al escuchar la Palabra, ahora lo recibimos en el Pan Eucarístico. Participemos de la cena del Señor, alimentándonos del que es nuestra Luz y nuestra Salvación que se nos ofrece gratuitamente en estas dos mesas. Nos acercamos cantando

DESPEDIDA

En esta celebración eucarística el Señor nos ha enriquecido con su Palabra y con el don de sí mismo como Pan de Vida. Alegres y en paz nos retiramos cantando …

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